Camino por este laberinto, otra vez metida en este maldito sitio... miro mis manos están pálidas, tengo frío... ¿por qué soy tan despistada?... ¿en qué momento volví aquí?... toco los árboles que me rodean, observo el camino que esta frente a mi, lo quiero seguir, ya no recuerdo como volver, desde que entré lo olvidé, decido moverme, seguir caminando, admirando la oscuridad y los detalles claros, dejándome absorber por este sentimiento tan hermoso de soledad.
El frío que hace... la brisa helada, tan inclementes, me estremezco, mis labios tiemblan, valla, había olvidado el frío... casi no puedo articular palabra, casi me siento ahogada, no puedo ni murmurar porque el frió me mantiene callada, no me deja ni pensar, sólo quiero dedicarme a sentir... cierro los ojo y dejó de caminar, ¿ya qué importa seguir? ¿ya qué más da dar un paso más?... estoy en un laberinto después de todo, si encuentro la salida, genial, y si no sólo me queda disfrutar.
Sí, disfrutar, del frío y de la soledad, de la oscuridad que no maltrata mis ojos y del cuervo que sigue detrás mió... ¿quién será?... ¿qué importa eso ya?... si fuera un buitre, lo mismo daría y, al fin y al cabo si espera a mi muerte para poderse alimentar, el será más feliz que yo... suspiro, vuelvo a parpadear, la brisa me golpea los ojos y me impide respirar, es muy fuerte... así que los vuelvo a cerrar, me vuelvo a callar, me olvido de respirar y me olvido de todo lo demás, sólo importan el frío, el silencio y la soledad, sólo me interesa sentir la oscuridad.
Y recuerdo entonces las escaleras que me trajeron a este lugar, si aquellas en esa casa vieja que tanto me gustaron, cuando estuve en lo más alto y no pude evitar la tentación de cerrar los ojos y dejarme llevar, me recuerdo sentada en el barandal, esperando a que llegara alguien, esperando a que alguien notara mi ausencia del grupo, esperando a que alguien preguntara por mi, esperando a que alguien me quisiera encontrar.
Pero calló la noche, se oscureció, cerraron todas las entradas... y yo... me cansé de esperar, así que me baje y comencé a caminar, a ciegas, porque ya casi no veía, había un destello muy molesto en mi retina y me impedía enfocar, así que caminé en la oscuridad, medio ciega y sin ningún lugar al cual llegar... sola, con ganas de llorar, con ganas de gritar... me dediqué a caminar, a sentir las paredes cuando las buscaba y a evitar los altibajos que me pudieran dañar.
Recuerdo haber durado en eso mucho tiempo, tanto que encontré un sillón, mullidito y calientito, en el cual me deje caer un tiempo, me deje llevar por el silencio, me dediqué a escuchar el crujir de la madera, el sonido del viento al chocar con los árboles, el golpear de las ramas contra las ventanas y ese silbido que se da cuando las ventanas quedan mal cerradas... descanse, entre en un trance muy agradable, escuchando eso y pensando en nada.
Fue después de un tiempo que un dolor de cabeza me despertó de mi ensoñación y me saco de mi mundo perfecto, necesitaba tomar agua al menos, necesitaba moverme o hacer algo, no soportaba el dolor, era terrible, así que me levanté del sillón, me tomé con ambas manos al cabeza e intente orientarme... y entonces vi las escaleras de nuevo, y me di cuenta de que no acababan dónde yo había creído, no, seguían subiendo, así que decidí subir, un altillo, un desván, lo que fuera me daba igual, quería entrar, no podía evitar la curiosidad, necesitaba saber que había más allá, tal fue la curiosidad que me olvidé hasta del dolor y simplemente subí.
Una vez arriba, intenté abrir esa puerta de mil maneras, llegué al punto de golpearla, me dio mucha rabia no poder abrirla, me cansé de intentarlo... me quería poner a llorar otra vez ¿por qué no se abría?... sentía que detrás de está estaba el significado de mi existencia, algo que valía todo el tiempo pasado en este mundo, algo por lo cual debía haber sufrido todo lo que me tocó, algo por lo que debía haber vivido todo este tiempo... y simplemente quería entrar, pero me cansé, así que me senté en el ultimo escalón, me abracé a mi misma y el dolor volvió.
Me desubique de pronto, el dolor era muy fuerte y me costaba soportarlo, hacía mucho no me pasaba eso... no lo aguantaba así que decidí cerrar los ojos otra vez y calmarme, y respirar, y olvidarme de todo lo demás, y alcancé a sentir mis lagrimas en el borde de mis ojos, alcancé a sentir como se me deslizaban por las mejillas, y de repente en medio del dolor me sentí feliz, hacía tanto no podía llorar, que lo aproveche de verdad, lloré hasta que el dolor se paso, lloré, hasta que deje de sentir mi cuerpo como tal, lloré por todo, por todos, por el mundo, por la humanidad, por la naturaleza, por al sociedad, por absolutamente cada una de las personas a las que había querido, lloré, porque ellos tendrían que seguir sufriendo, lloré porque no los quería perder, lloré, y lloré, y lloré, y seguí llorando.
Hasta el momento en el que una presencia amable se me acerco, se sentó a mi lado y me abrazo, ¿quién era? no tenía idea, sólo recuerdo haber llorado en su pecho, era un hombre o al menos eso parecía, de eso estoy segura, tenía figura masculina... y lloré, lloré mucho, en su pecho, dejé todas mis lagrimas, dejé que se me vaciara el alma de todo el dolor que tenía encerrado, de todo eso que la aprisionaba desde hacía tanto... hasta que no pude más, hasta que mis ojos se volvieron a secar, hasta que pude sonreír de verdad, otra vez, por fin volvía a sonreír de verdad, por fin me sentía de verdad feliz, por fin podía sentir que no estaba usando otra mascara de esas llenas de falsedad.
Por fin me sentía de nuevo yo, alegre, animada, con el alma desbordante de felicidad, con ganas de gritarle al mundo que todo podía mejorar... y fue entonces cuando ese ser me separó de si, pero no me importo estaba feliz... pero él no se alejó, me seco las lagrimas con sus manos, me miró a los ojos y me pidió que me levantara, lo hice, recuerdo que lo hice, recuerdo que medio sentí mis piernas moverse y que con ver sus ojos me sentí en otro trance, uno más hermoso que el anterior, uno del que no me quería ir tampoco... pero éste era mejor... de éste nada ni nadie me podría sacar, lo sabía.
Así que me deje llevar, la puerta se abrió, la oscuridad se aclaro un poco... y entonces lo vi, un balcón, detrás de un gran ventanal... ¿quién diría que eso estaba ahí?... no sé, el hecho fue que lo seguí, abrió el ventanal y me invitó a pasar, me recosté en el borde y lo miré... era incomodo así que me voltee y observé el paisaje... miré hacía abajo y me dieron ganas de saltar de allí, pero entonces sentí una mano en mi hombro derecho, así que volví a voltear... me recosté de nuevo contra el borde... lo miré a los ojos y me dejé hipnotizar... luego me dejé caer hacía atrás.
Y ahora... bueno sólo sé que volví a este lugar.
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