¿Serás como yo? Personalmente no me considero una persona llorona.
No suelo dejar que las lágrimas se desborden de mis pestañas, cuanto peor me siento, más me esfuerzo en reír, en mirar hacia otro lado y sonreír.
Sin embargo, este ha sido un día extraño.
Y en dos ocasiones he sentido la nostalgia que generan en mi las ganas de llorar, de dejar salir algún sentimiento banal que me carcome las entrañas.
¿Lo extraño?
Ninguno de los dos dolores por los que he querido derramar lágrimas, son míos.
¿No me explico?
Simple, he sentido dos ganas ajenas de llorar, lamentablemente ya no necesito, los ojos o los rostros de alguien para saber como se siente.
Con su voz, aparentemente normal, es suficiente.
He crecido con el tiempo, he aprendido de lo que he vivido, y las ventajas de ser tan expresiva y rodearme de personas con esa misma capacidad, es que puedo aprender a leer a los demás.
Justo ahora me di cuenta, que ambos motivos son injusticias.
No las viví yo.
Cuando las vivo yo no valen tanto.
Así que no, en realidad no me ha sucedido nada en especial como para querer llorar.
Tan solo sentir la aflicción y el dolor de las memorias en la voz de alguien más es suficiente para demostrarme dos cosas:
1. La gente esta en una decadencia infinita, no hay forma de vivir en tranquilidad, nadie esta dispuesto a permitírtelo.
2. No sólo es cosa de la humanidad, pienso que la muerte se ha encargado de dejar a los peores acá.
El cementerio no sólo esta lleno de valiente, sino de todo aquel capaz de dar su vida por algo.
El cementerio, realmente, esta lleno de los que merecían vivir.