Recuerdo a la perfección las bolas de fuego y el calor que despedían, los relámpagos que iluminaban el cielo para luego convertirse en lluvias de estrellas amarillas y brillantes, los truenos de cada una de las explosiones, me molestaba el escucharlas todas y no poder verlas todas, más sin embargo la magia de la vista y el calor de las luces, era estremecedor, hermoso, me sentía feliz de estar allí, interiormente agradecía a mi decisión de la noche anterior, no iría a la reunión, pero no hubiese soportado el hecho de perderme esa experiencia mágica, la rueda giratoria en llamas atraía mi atención en un 100%, ignoraba sin dificultad alguna los gritos de aquellos que sentados exigían que los demás se sentaran, ignoraba a las personas que estaban de pie, ignoraba los chistes de quienes me rodeaban, el fuego me había hipnotizado por completo, me sentía feliz y calida, no perdía un solo detalle, no me lo habría perdonado, soy conciente de que por momentos una que otra sonrisa se me escapaba, a pesar de lo mal que me había sentido a lo largo de estos días, no podía hacerme la indiferente a la emoción que las luces, el brillo y el calor me proporcionaban.
A pesar de lo hermoso de esa media hora, de las mejores de mi vida, hubo un momento en concreto que voy a poder evocar cada vez que me sienta abrumada o triste, la lluvia de estrellas que alcanzo a llegar hasta encima de mi cabeza, no sé si fue el momento o un anhelo muy grande, pero me vi a mi misma subiendo hasta el cielo y alcanzando esas estrellas, me vi rodeada de esos destellos dorados, me vi completamente feliz, por primera vez en mi vida no había absolutamente nada que arruinara ese momento de completa magia y felicidad, nada lo arruinaría, todo a mi alrededor eran meros sucesos que no valían ni un momento de mi atención, los destellos sobre mi, la música que guiaba sus movimientos, los truenos ensordecedores de cada explosión, hacían que mi corazón latiera, que me estremeciera, que temblara de felicidad, no lo entiendo, pero la calidez del fuego, el ambiente de la música… todo era tan perfecto que no lo podía dejar pasar, disfrute el momento como nunca había disfrutado nada, me sentía tan emocionada, como una niña pequeña a la que le han dejado comer un chocolate después de que lo ha anhelado por infinidad de tiempo, todo era irreal, fui feliz, tal vez sea extraño, falto de sentido o lo que quieran, pero fui feliz, los juegos pirotécnicos me hicieron feliz, completamente feliz.
Totalmente feliz, hasta que todo acabo y una voz femenina, me trajo de regreso a la realidad y entonces volví a sentir el golpe, volví a despertar y no lo soporte el frío fue terrible, me estaba congelando, mis ojos ardían, las lagrimas se habían aglutinado de nuevo en mis ojos y no las quería dejar salir, me despedí intentando mantener los resquicios de esa felicidad, intentando sostenerlos con todas mis fuerzas para que no se alejaran de mi, los necesitaba para seguir viviendo y lo sabia… mientras comencé a caminar fui perdiendo poco a poco esos destellitos de luz, vi como cada estrellita se me escapaba de las manos, se ennegrecían con mi toque y caían al suelo, secas, oscuras, sin vida, como yo.
Cuando la felicidad me había abandonado casi por completo, lo sentí, algo así como un deja vu, y recordé como hace algún tiempo, me aferraba a la vida por al felicidad que me proporcionaban los momentos pequeños de la misma, me sostenía con todas mis fuerzas de cada hilito de alegría que el cantar de un pajarillo me podía proporcionar… cada momento en que veía a mi padre, o el simple hecho de escuchar su voz después de mucho tiempo en que dejábamos de hablar, me proporcionaba ese momento de felicidad que en estos días había olvidado, entonces me sentí fría y desolada de nuevo, cómo había cambiado tanto en tan poco tiempo, los pájaros ya no cantan junto a mi ventana, el cielo nocturno ya no me da la esperanza de encontrar la primera estrella que sale, el tono de la voz de mi padre es más melancólico que el mío, la brisa fría hace tiempo no me acaricia, el sentir de los protagonistas se me antojan sin importancia, mi indiferencia para con mi propia existencia ha crecido tanto que ya no estoy segura de que voy a hacer, me muevo por inercia, mantengo mis ojos abiertos más por necesidad que por gusto, permito las sonrisas de mi cara más por costumbre que por ocultarme, me rio de cualquier cosa por la ironía de cada una y por su falta de tacto, los comentarios sarcásticos salen de mis labios sólo por ver como sufren los demás.
Ya no miro al frente, perdí el rumbo, ya ni siquiera sé si debo seguir andando, estoy creyendo que hoy mi mundo se colapsa y los pedazos son lo suficientemente pequeños como para no poderlo armar de nuevo, más sin embargo los muros que lo mantienen aislado no se caen, no puedo escapar, tarde o temprano me convertiré en partículas más, en otro trocito que nadie se molestara en buscar y que los muros se encargaran de ocultar y si el caso se da, sigo aquí y nunca había querido abandonarlo, era feliz con lo que tenia, con el tiempo me volví más y más exigente y esa fue mi muerte, al principio un segundo de felicidad me bastaba para una vida, después necesité de un minuto, seguí con una hora, un día, una semana, un mes, un año, una década, un siglo, un milenio… de pronto una vida de felicidad total no me era suficiente para animarme a seguir, de repente una eternidad de alegría se me antojo vacía, sin sentido, insuficiente.
Recuerdo como ayer cuando mi camino se diluía, con mi brújula me ubicaba; recuerdo como ayer cuando un pedacito de mi mundo se desarmaba, lo buscaba y lo colocaba; recuerdo como ayer cuando la luz me faltaba, sacaba el encendedor y mi velita encendía; recuerdo como ayer cuando el frío me calaba hasta los huesos, me abrigaba con una manta; recuerdo como ayer cuando la soledad me atormentaba, me abrazaba a mi misma e invocaba las presencias de quienes me querían; recuerdo como ayer cuando el silencio me asustaba aparecía una voz, un susurro que lo acababa; recuerdo como ayer cuando la lluvia me mojaba llegaba un amigo con un paraguas y lo evitaba; recuerdo como ayer cuando me caía veía una mano que me ayudaba a levantarme porque me quería; recuerdo como ayer cuando lloraba de la nada un pañuelo secaba mis lagrimas; recuerdo cada hecho de mi vida, recuerdo las risas y recuerdo las sonrisas, recuerdo mis ojos brillantes de alegría por momentos largos, los recuerdo también brillantes de tristeza, los recuerdo grandes de emoción y pequeños de resentimiento… recuerdo como ayer mi espíritu sentía, recuerdo como ayer mi corazón latía, recuerdo como ayer mi alma aprendía, recuerdo como ayer mi cuerpo se movía, recuerdo como ayer todo mi ser vivía.
Y sin embargo mis palabras no cambian, mi poema sigue intacto, mi promesa sigue en pie “ … y aun cuando a mi también todo eso me atormente y sienta que vivir ha perdido el sentido y que ya no hay camino para morir felizmente, fingiré sin reparo ni dificultad que nunca lo he vivido … Para que confíes en mi y puedas contar conmigo … “ Para mi es obvio que me estoy quedando sin salvación, ya no hay más nada por hacer que esperar a que pase la desesperación.
Por fin entiendo, porque todo tiempo pasado fue mejor, sólo me gustaría vivir el ayer, esperar el presente y olvidar el futuro, sólo ahora me doy cuenta de cuanto extraño el ayer.
A pesar de lo hermoso de esa media hora, de las mejores de mi vida, hubo un momento en concreto que voy a poder evocar cada vez que me sienta abrumada o triste, la lluvia de estrellas que alcanzo a llegar hasta encima de mi cabeza, no sé si fue el momento o un anhelo muy grande, pero me vi a mi misma subiendo hasta el cielo y alcanzando esas estrellas, me vi rodeada de esos destellos dorados, me vi completamente feliz, por primera vez en mi vida no había absolutamente nada que arruinara ese momento de completa magia y felicidad, nada lo arruinaría, todo a mi alrededor eran meros sucesos que no valían ni un momento de mi atención, los destellos sobre mi, la música que guiaba sus movimientos, los truenos ensordecedores de cada explosión, hacían que mi corazón latiera, que me estremeciera, que temblara de felicidad, no lo entiendo, pero la calidez del fuego, el ambiente de la música… todo era tan perfecto que no lo podía dejar pasar, disfrute el momento como nunca había disfrutado nada, me sentía tan emocionada, como una niña pequeña a la que le han dejado comer un chocolate después de que lo ha anhelado por infinidad de tiempo, todo era irreal, fui feliz, tal vez sea extraño, falto de sentido o lo que quieran, pero fui feliz, los juegos pirotécnicos me hicieron feliz, completamente feliz.
Totalmente feliz, hasta que todo acabo y una voz femenina, me trajo de regreso a la realidad y entonces volví a sentir el golpe, volví a despertar y no lo soporte el frío fue terrible, me estaba congelando, mis ojos ardían, las lagrimas se habían aglutinado de nuevo en mis ojos y no las quería dejar salir, me despedí intentando mantener los resquicios de esa felicidad, intentando sostenerlos con todas mis fuerzas para que no se alejaran de mi, los necesitaba para seguir viviendo y lo sabia… mientras comencé a caminar fui perdiendo poco a poco esos destellitos de luz, vi como cada estrellita se me escapaba de las manos, se ennegrecían con mi toque y caían al suelo, secas, oscuras, sin vida, como yo.
Cuando la felicidad me había abandonado casi por completo, lo sentí, algo así como un deja vu, y recordé como hace algún tiempo, me aferraba a la vida por al felicidad que me proporcionaban los momentos pequeños de la misma, me sostenía con todas mis fuerzas de cada hilito de alegría que el cantar de un pajarillo me podía proporcionar… cada momento en que veía a mi padre, o el simple hecho de escuchar su voz después de mucho tiempo en que dejábamos de hablar, me proporcionaba ese momento de felicidad que en estos días había olvidado, entonces me sentí fría y desolada de nuevo, cómo había cambiado tanto en tan poco tiempo, los pájaros ya no cantan junto a mi ventana, el cielo nocturno ya no me da la esperanza de encontrar la primera estrella que sale, el tono de la voz de mi padre es más melancólico que el mío, la brisa fría hace tiempo no me acaricia, el sentir de los protagonistas se me antojan sin importancia, mi indiferencia para con mi propia existencia ha crecido tanto que ya no estoy segura de que voy a hacer, me muevo por inercia, mantengo mis ojos abiertos más por necesidad que por gusto, permito las sonrisas de mi cara más por costumbre que por ocultarme, me rio de cualquier cosa por la ironía de cada una y por su falta de tacto, los comentarios sarcásticos salen de mis labios sólo por ver como sufren los demás.
Ya no miro al frente, perdí el rumbo, ya ni siquiera sé si debo seguir andando, estoy creyendo que hoy mi mundo se colapsa y los pedazos son lo suficientemente pequeños como para no poderlo armar de nuevo, más sin embargo los muros que lo mantienen aislado no se caen, no puedo escapar, tarde o temprano me convertiré en partículas más, en otro trocito que nadie se molestara en buscar y que los muros se encargaran de ocultar y si el caso se da, sigo aquí y nunca había querido abandonarlo, era feliz con lo que tenia, con el tiempo me volví más y más exigente y esa fue mi muerte, al principio un segundo de felicidad me bastaba para una vida, después necesité de un minuto, seguí con una hora, un día, una semana, un mes, un año, una década, un siglo, un milenio… de pronto una vida de felicidad total no me era suficiente para animarme a seguir, de repente una eternidad de alegría se me antojo vacía, sin sentido, insuficiente.
Recuerdo como ayer cuando mi camino se diluía, con mi brújula me ubicaba; recuerdo como ayer cuando un pedacito de mi mundo se desarmaba, lo buscaba y lo colocaba; recuerdo como ayer cuando la luz me faltaba, sacaba el encendedor y mi velita encendía; recuerdo como ayer cuando el frío me calaba hasta los huesos, me abrigaba con una manta; recuerdo como ayer cuando la soledad me atormentaba, me abrazaba a mi misma e invocaba las presencias de quienes me querían; recuerdo como ayer cuando el silencio me asustaba aparecía una voz, un susurro que lo acababa; recuerdo como ayer cuando la lluvia me mojaba llegaba un amigo con un paraguas y lo evitaba; recuerdo como ayer cuando me caía veía una mano que me ayudaba a levantarme porque me quería; recuerdo como ayer cuando lloraba de la nada un pañuelo secaba mis lagrimas; recuerdo cada hecho de mi vida, recuerdo las risas y recuerdo las sonrisas, recuerdo mis ojos brillantes de alegría por momentos largos, los recuerdo también brillantes de tristeza, los recuerdo grandes de emoción y pequeños de resentimiento… recuerdo como ayer mi espíritu sentía, recuerdo como ayer mi corazón latía, recuerdo como ayer mi alma aprendía, recuerdo como ayer mi cuerpo se movía, recuerdo como ayer todo mi ser vivía.
Y sin embargo mis palabras no cambian, mi poema sigue intacto, mi promesa sigue en pie “ … y aun cuando a mi también todo eso me atormente y sienta que vivir ha perdido el sentido y que ya no hay camino para morir felizmente, fingiré sin reparo ni dificultad que nunca lo he vivido … Para que confíes en mi y puedas contar conmigo … “ Para mi es obvio que me estoy quedando sin salvación, ya no hay más nada por hacer que esperar a que pase la desesperación.
Por fin entiendo, porque todo tiempo pasado fue mejor, sólo me gustaría vivir el ayer, esperar el presente y olvidar el futuro, sólo ahora me doy cuenta de cuanto extraño el ayer.
1 comentario:
MI niña del alma, pues bien leyendo su texto me alegre al ver que a ud le causa la misma sensacion que a mi los fuegos/juegos) artificuales para mi fue wow aunque me pasmo aun mas el saxo ... con respecto a los pequeños pedazos pues bien, quien tiene cuidado los va a recojer y los va a poner en su sitio por mas pequeños que sean alguien lo va a hacer, yo le garantizo que conmigo cuenta para reconstruirlo asñi sea polvo lo que quede o lo que deje no importa cuanto muros hayan..... y el pasado siempre es bueno ....pero sin futuro ni presenta jamas tendrias pasado hermosa mia, te quiero demasiado demasiado loca!!!
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