Cada día me siento más perdida, entre un mar de gente cada vez más alta, cada vez más alejada.
Con cada nuevo día me siento más sola y más desaparecida como si de un momento a otro me hubiese vuelto traslucida y ya no valiera de nada intentar obligarme a volver... como si simplemente de un momento a otro me hubiese vuelto tan transparente que ya ni chocar con migo, al menos por error, es posible.
¿Y lo más molesto?... a nadie le afectó el dejarme de ver... me empeñe tanto en creer que de verdad en algún punto de mi vida me volvería importante para alguien que sin darme cuenta estaba convencida que algún día alguien lloraría por mi sobre mi ataúd y llevaría flores a mi cadáver sólo en memoria de quien en algún momento signifique para él.
Pero, como me pasa usualmente y principalmente últimamente, de nuevo, me equivoque, nunca me volví importante para nadie, la gente me olvida con tanta facilidad que duele, me mira con tanta indiferencia que martilla, me maltrata con tanto desprecio que cada día es más difícil hacerme la digna y mantener mi cabeza en alto, para seguir mirando a la gente a los ojos con mis brazos cruzados y mi pose imponente.
Cada día siento que mis sarcasmos no son precisamente para quien me rodea sino más bien para mí misma... cada día me siento más escoria cuando denigro a los demás para subir cada vez más mi pedestal... como si no supiera que todo es mentira, que mi mundo de fantasía no es más que de eso de fantasía... y me duele, sinceramente me duele tanto... no quiero vivir más en mi propia mentira pero tampoco quiero abrir mis ojos a mi propia realidad... dolería tanto.
Te extraño, de verdad lo hago, cada día con cada brisa del viento me gusta pensar que eres tu quien me acaricia el rostro, que eres tú con tu tacto siempre helado quien seca mis lagrimas y me susurra con dulzura que por favor deje de llorar mientras deja un beso en mi coronilla... te extraño tanto, me siento tan desamparada, tan sola, tú eras mi maldito soporte y ahora la vida se me hace tan difícil de afrontar.
Y no tengo quien me apoye en esta triste realidad, ya no hay un amigo en quien confiar, ni que me haga reír... ya no tengo a quien llorarle, ya mis lagrimas no me salen.
Y ahora estoy tan hundida y tan ahogada que ni siquiera yo misma estoy segura de que en alguna parte bajo estos disfraces, en este mar de mascaras y lagrimas de sangre quedé al menos un pedazo de alma que salvar o una gota de espíritu que encontrar... no es como si de verdad después de tu partida yo me hubiese quedado en algún lugar.
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