"... Sino fui hecha para él, entonces por qué mi corazón me dice que si?"
Como una niñita enamoradiza, que se presenta ante un ser demasiado superior, ante alguien que ni siquiera la nota, que no sabe que existe, sin importar cuanto lo intente, un príncipe jamás se fija en una pobre hechicera.
Por qué alguien como él aparecería en un mundo como este?... son dudas que rondan tu cabeza, no es extraño que tengas el amor en las manos y no te atrevas a dar el pequeño paso que te separa de la felicidad? por qué todos son tan cobardes?
Te cuesta tanto mirarlo a los ojos y hablarle, que incluso ahora lo único que haces es acercarte a mí, con lagrimas en los ojos, con la voz quebrada, con los ojos hinchados y rojos, no estoy segura de que sea por el llanto, pero todo parece indicar que buscas refugio en una persona fría que te pueda calmar... que ironía que seas tu misma.
Te ves al espejo y entonces, haces algo que nunca imagine que harías, lo golpeas, con tanta fuerza que se quiebra por completo, estalla en un lindo baño de estrellas muy, muy brillantes en las que se reflejan tu rostro afligido y tus lagrimas saladas y cristalinas.
Las manos te sangran pero no te importa, el dolor de tu alma es tan grande que la sangre es algo despreciable, decides salir, necesitas aire, te sientes ahogada, el oxigeno de esta pequeña habitación no es suficiente para reponer la cantidad de aire que pierdes en cada suspiro y nuevo sollozo, necesitas descansar y lo sabes así que decides intentarlo, y sales, te sientas en una de esas bancas, mientras aprovechas del pálido sol que calienta suavemente y la helada brisa que empieza a secar tus lagrimas.
Y entonces, aparece, en seguida volteas tu rostro, nadie merece ni debe nunca verte llorar, y lo sabes, tampoco quieres que alguno de tus acompañantes te note y pregunte, así que, te volteas, y vuelves a tus preguntas, apoyada en el balcón que evita que te lances al vacío, por qué? por qué si no es el único tu sigues sufriendo cada día?... porqué fuiste tan tonta como para fijarte precisamente en él?.
De repente el llanto salta de tus ojos de nuevo, no eres capaz de olvidarlo y lo sabes, no quieres que te ignore, quieres que te note, quieres existir para él... pero sabes que eso no pasa en la vida real, qué hacer? seguir callada entre las sombras y esperar... lo importante, al fin y al cabo, es su felicidad, no importa si no es junto a ti.
Y así es cada vez que intentas dirigirle la palabra, te asustas tanto que los nervios te ganan y terminas igual que cuando empezaste, o peor, más afligida, más destruida, cada vez más caída, hoy por ejemplo ya pasaste la raya de la desesperación, hoy ya no sólo hay lagrimas en tus ojos y marcas de arañazos en tus mejillas, no, hoy incluso tienes sangre en las manos, no sé como, pero esto no puede seguir así.
Y entonces te das cuenta, hay sangre en tus manos, las heridas siguen abiertas, y la sangre cae al piso, te maldices por descuidada, y entonces la sientes, una voz que te llama, cierras tu ojos, que no se note tu llanto, tu rostro no debe mostrar nada, perfecto, has elegido una buena mascara, va a ser divertido esto, volteas con la tercera llamada y la mano en tu hombro, tienes una sonrisa en la cara mientras te sostienes con la otra la mano que más sangra, esperas paciente a que alguno pierda la cara de sorpresa que tiene.
Alguno, el primero, por supuesto, tenía que ser él, rápidamente recobra la compostura y se acerca a pedir que le dejes ver las heridas, con eso todos despiertan y reaccionan, cada uno a su forma, él, simplemente toca tus manos con cuidado y ve los trozos de cristal, te mira entre sorprendido y acusadoramente, te apenas, como siempre, y el dice que lo mejor será que vayas a la enfermería o de lo contrario los fragmentos de cristal podrían hacer mucho daño... vuelves a sonreír como si el día fuera esplendoroso, no has notado que la sangre perdida te ha hecho un poco más pálida, cuanto llevas sangrando?... sólo le miras, sonríes, le dices que lo sabes y que ya te diriges para allá, los demás preguntan si estás bien, pregunta estúpida, por supuesto que sí, eso no duele.
Les dices tranquilamente que no se preocupen, de nuevo le das las gracias a él, te alejas, de ellos despacio, les sonríes y te despides, ya igual, qué más queda? qué puedes esperar si para que te viera necesitaste sangrar?
Una ultima sonrisa, tomas tu mano más lastimada, volteas, y empiezas a correr como si de una niña muy contenta en un campo de flores se tratara, mientras tanto tus lagrimas empiezan a caer, y sabes que tienes tiempo de llorar hasta llegar a la enfermaría... quien sabe, tal vez allá te duerman y te puedas olvidar de todo lo que acaba de pasar.
Y sólo tal vez y con suerte tu corazón te deje de hablar y de él te puedas olvidar.
No, sabes que eso no pasa en la vida real.
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